
Una de las cosas que más echo de menos de Dinamarca son las panaderías. Personalmente creo que son de las mejores del mundo en cuanto a variedad de pan y dulces. Si estás a dieta, mejor evita acercarte a una panadería, porque la mala conciencia la tendrás tanto si te desahogas con un «Onsdagssnegl» como si consigues limitarte a mirar el escaparate, porque las imágenes, y probablemente también el aroma, te perseguirán el resto del día para castigarte.
En Dinamarca hay una gran tradición de hacer pan en casa. En mi trabajo, los consejos para mejorar el pan, mantener viva la masa madre o aprovechar sus restos eran temas frecuentes durante las pausas del almuerzo. Recuerdo la carita de ilusión de mi hijo con tan solo dos años cuando lo dejaba con su cuidadora por la mañana y esta le decía: «hoy me vas a ayudar a hacer panecillos». Hay algo maravilloso, quizá incluso terapéutico, en amasar el pan, formarlo y hornearlo, y a los niños se les hace partícipes desde pequeñitos en este proceso que después siempre recordarán, y por ello asociarán el pan a momentos felices, al «hygge». Mis primos, mi hermano y yo esperábamos con ansiedad la hora de la merienda cuando mi abuela hacía pan y hoy en día todavía asocio a ella y a su cocina ese aroma a pan recién sacado del horno. Supongo que por esta tradición es normal que se les exija calidad a las panaderías, pues si te sale tan bien el pan en casa, ¿para qué comprarlo?
En muchas panaderías danesas puedes encontrar estos panecillos de zanahoria y semillas de girasol. Perfectos para un bocadillo o simplemente con mantequilla. La técnica es un poco rara porque hay que «picar» la masa, pero el resultado es maravilloso. Se mantienen bien durante una semana, pero también puedes congelarlos. Espero que te gusten.
Receta
Para 16 panecillos grandes
Ingredientes:
500 ml de agua templada
50 g de levadura fresca
75 g de azúcar
75 g de mantequilla
100 g de harina integral
850 g de harina de fuerza
2 cucharaditas de sal
300 g de zanahoria
150 g de semillas de girasol peladas (sin sal)
2 huevos
Derretimos la mantequilla y la dejamos enfriar hasta que esté templada.
Diluimos la levadura en el agua y mezclamos con el azúcar. Añadimos la harina integral, la mantequilla, la mitad de la harina de fuerza y mezclamos bien. Dejamos reposar 15 minutos y añadimos la sal y un poco más de harina. Empezamos a amasar y vamos incorporando poco a poco el resto de la harina. Yo uso una máquina y la dejo amasar durante 10 minutos. Si amasas a mano, ¡recuerda que es un buen ejercicio para los brazos!
La masa no debe quedar pegajosa, así que si ves que todavía no suelta el bol o la superficie sobre la que estás amasando, puedes añadir un poco más de harina.
Limpiamos bien la superficie de una mesa, espolvoreamos con harina y formamos una bola con la masa que dejaremos reposar cubierta de un paño limpio durante una hora.

Pasado el tiempo, habrá crecido el doble de su tamaño. Ahora podrás hacer algo que quizá siempre has soñado hacer cuando haces pan, pero que nunca se recomienda: pegarle un puñetazo en el centro a la masa:

Ahora vamos a formar un bol con la masa que vamos a llenar con la zanahoria rallada, las semillas de girasol y los dos huevos:

Doblamos la masa sobre el relleno para formar algo parecido a un paquete:

Con la ayuda de una espátula de panadero o un cuchillo grande vamos a empezar a cortar la masa en trocitos:

Seguimos picando y mezclando bien hasta obtener la siguiente textura (Ojo: la idea es mezclar, no amasar):

Cubrimos tres bandejas con papel de hornear y vamos formando 16 montoncitos de la mezcla de masa: Yo pongo 6 montoncitos en dos bandejas y cuatro montoncitos un poco más grandes en una, para tener distintos tamaños.

Dejamos reposar durante 30 minutos y horneamos cada bandeja por turno durante 15 minutos a 200 °C. Recuerda empezar a calentar el horno unos 10 minutos antes. Cada horno parece que tiene su propia personalidad y a veces es difícil ser preciso con el tiempo y la temperatura. Mi horno ha empezado a comportarse un poco raro, así que las últimas veces que he hecho estos panecillos les he dado 5 minutos a 200 °C y luego he bajado la temperatura a 190° los últimos 10 minutos.
Cuando los saques del horno, cúbrelos con un paño limpio sobre la misma bandeja y déjalos enfriar un poco antes de consumir. Guárdalos en una bolsa que puedas cerrar bien, preferentemente de papel.
¡A disfrutar!