
Cuando llegué a Suecia por primera vez me parecía que todo olía a Ikea. No por el característico olor que desprenden los muebles recién montados, sino por ese aroma a panecillo de canela que hace que te sientas tan a gusto paseando por los pasillos mientras llenas el carro de cosas sin las cuales no sabías que no podías vivir. Quizá es justamente ese aroma hipnotizador que te lleva a comprar esos enormes paquetes de servilletas, las hieleras de colorines y marcos que se quedan en algún rincón de la casa coleccionando polvo porque aquel proyecto de mandar a imprimir fotos se sigue aplazando. Pues las gasolineras, los quioscos y los supermercados en Suecia huelen así: a panecillos de canela. Y el centro de Estocolmo, lo mismo. De hecho, se acerca el día del «kanelbulle», como se llaman, y ahí compartiré mi versión, pero por ahora tendrás que contentarte con una versión salada con pesto, queso y tomate. Perfectos para llevar a un picnic o para acompañar una sopa. Espero que te gusten.
Receta
12 panecillos
Ingredientes:
3 dl de agua templada
25 g de levadura fresca
1 cucharadita de azúcar
50 g de harina integral
400 g de harina de fuerza
2 cucharaditas de sal
1 cucharada de aceite de oliva
3 cucharadas de pesto
100 g de queso rallado (mozarella)
50 g de tomates secos en aceite picados
1 huevo
En un bol grande disolvemos la levadura en el agua, añadimos el azúcar y removemos. Agregamos la harina integral y la mitad de la harina de fuerza. Removemos para que no queden grumos y dejamos reposar durante 15 minutos. Pasado el tiempo, añadimos la sal, el aceite de oliva y poco a poco, mientras amasamos, empezamos a integrar el resto de la harina. Si no usas una máquina, es momento de trasladar la masa a una superficie limpia y enharinada para poder amasarla bien. Cuando veas que la masa va soltando la mesa/los lados del bol y empieza a obtener una buena elasticidad, es momento de dejar de echar más harina. Quizá no necesites toda la cantidad que he puesto en la lista de ingredientes o quizá necesites más. A veces es cuestión de la calidad de la harina. Lo importante es que amases bien durante unos 10 minutos y que te quede una masa elástica que no se te pegue demasiado a las manos. Formamos una bola grande que dejamos en el bol y tapamos con un paño limpio. Dejamos reposar en un lugar cálido durante 1 hora.
Pasado el tiempo, la masa tendrá que haber crecido el doble de su tamaño. Si no es así, tendrás que dejarla más tiempo.
Pasamos la masa a la mesa y la extendemos con un rodillo hasta obtener un rectángulo de 45×30 cm. Untamos la masa con el pesto y repartimos el queso rallado y los tomates secos por encima. Ahora vamos a enrollar la masa desde el lado largo para obtener una salchicha grande. Con un buen cuchillo cortamos la salchicha de masa en 12 pedazos. Forramos una una fuente grande apta para el horno (30×40 o redonda) con papel de hornear y colocamos las doce caracolas. ¡Que no queden pegadas! Al crecer y al hornear ya se pegarán. Dejamos reposar en un lugar cálido durante 40 minutos.
Calentamos el horno a 200°C.
Batimos el huevo y pincelamos las caracolas. Introducimos la fuente en el horno durante 10 minutos y bajamos la temperatura a 180°C durante 15 minutos.
Sé que será difícil resistirte, pero deja que las caracolas se enfríen un poco antes de probarlas.
¡A disfrutar!
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